Entrevistamos a Javier

Quiero empezar preguntándote sobre tu proceso a la hora de escribir. ¿Eres más de mapa o de brújula?

Totalmente de brújula. Soy horrible para organizarme a la hora de escribir, como mucho escribo un par de párrafos sobre lo que va a pasar en los próximos cuatro o cinco capítulos para llevar un hilo conductor coherente. Además, me aburre un poco ponerme a hacer mapas conceptuales u organizar la trama entera de una novela, a mí lo que me gusta es escribir, dejarme llevar, el placer de notar cómo van fluyendo las palabras. Creo que así se puede ser creativo. Todo esto conlleva el problema de que constantemente tienes que volver hacia atrás y reescribir cosas que, a medida que avanza la novela, no tienen coherencia o necesitan ser unidas de algún modo, pero bueno, puedo vivir con ello.

¿Cómo nació «La chica de las mariposas» y cómo fue desarrollar la idea?

Esta novela surgió mientras leía el libreto de canciones del disco «1999», del grupo Love of Lesbian. Al final del mismo, hay un párrafo en que Santi Balmes (supongo) le habla a la que era su pareja aquel año, diciéndole que ese disco cuenta su historia, recalcándole lo importante que fue para él. Entonces supe que quería hacer lo mismo, quería escribir una novela que contara la historia de una relación desde que comienza hasta que acaba, mencionando todas las etapas por las que se pasa. Eso fue el embrión y, a grandísimos rasgos, es lo que cuenta la historia, pero el tono de la novela, el pesimismo que la embriaga, me llevó a hacer una historia más compleja y grande.

Aunque sea la primera vez que publicas, seguro que esta no es tu primerísima novela. ¿Desde cuándo escribes? ¿Con qué proyecto estás ahora?

Últimamente me doy cuenta de que mi vida literaria ha estado muy marcada por la imitación. Esta novela surgió al querer hacer algo parecido a lo que hizo Love of Lesbian en su «1999»; mi primera novela, la cual escribí con quince años, era una historia de vampiros que querían conquistar el mundo y cuya historia imitaba una novela de zombies que me tuve que leer en segundo de la ESO; y empecé a escribir porque mi hermano escribió una historieta para el instituto y pensé… ¿por qué no puedo hacer yo lo mismo? Ahí tendría unos ocho años, así que tampoco podía salir gran cosa.

Hace un par de meses empecé mi nueva novela. Solo puedo avanzar que trata el bullying, ya que es un tema que me interesa muchísimo. Pero estoy sentando las bases aún porque no quiero que sea un «Por trece razones» o «Wonder», por ejemplo. Hay mucho escrito sobre esto y no quiero repetirme.

Ara y Vic tienen unas personalidades muy definidas. ¿Cómo consigues que dos personajes tan diferentes entre sí acaben compartiendo una historia?

Realmente son más parecidos de lo que cabría pensar. Ambos son dos personas que se encuentran perdidas, una porque ha jugado horriblemente sus cartas y la otra porque, directamente, sus cartas eran malas desde el principio. Los dos encuentran una fuerte unión en la música y podría decirse que uno se aferra al otro para salvarse, para no acabar perdido, aunque no pueda recaer sobre nadie el peso de salvar a una persona. Se dan cuenta, casi al instante, de que se necesitan uno al otro para huir del pasado.

¿Qué inspiración tuviste y cómo fue su proceso de creación?

A Ara hace muchísimo tiempo que la tengo en la cabeza. Un personaje con cientos de cicatrices, roto, pero a la vez risueño, místico, soñador, enigmático y fuerte. Está más basado en una mezcla de personas que han ido pasando por mi vida que en alguien del imaginario colectivo. Solo me quedaba formarle una historia, tratar de analizar por qué esa chica que tenía en la cabeza era así. Al final, creo que la novela es una respuesta continua a las preguntas que yo me hacía. Creo que Vic fue más bien una vía para tratar de llegar a Ara, para tratar de entender cómo era, su personaje. Se podría decir que soy yo intentando entender a Ara, aunque es mucho más y su propia historia determina gran parte de los porqués de su comportamiento.

fachada

¿Por qué elegiste Madrid como escenario para «La chica de las mariposas», qué es lo que te aportaba frente a otras ciudades, y por qué decidiste ambientarla en 1996, hace más de dos décadas?

Quería que fuera un escenario reconocible para todo aquel que lea la novela. No todo el mundo ha estado en Madrid pero hay ciertos escenarios que todos tenemos en el imaginario y, ya sea por el cine o por la televisión, sabemos casi con perfección el aura que desprenden. Cuando uno pisa Madrid por primera vez, tiene la sensación de estar en un lugar donde ya ha estado antes, o, al menos, eso me pasó a mí. De todas maneras, casi contradiciéndome a mí mismo, tampoco quería que fuese el típico Madrid de la tele todo el tiempo, por ello los dos escenarios más importantes de la novela son, uno real pero a la vez construido aposta para la novela (la casa de las mariposas), y otro situado en un enclave no demasiado conocido de la ciudad (El huerto de las monjas).

El tema de ambientarla en 1996 nos lleva otra vez a «1999», de Love of Lesbian. Me gustaba ese halo de nostalgia que desprendía el hablarle a alguien con quien compartiste algo hace tanto tiempo. Además, a la hora de construir una trama “romántica”, me resultaba mucho más atractivo el tema de cómo era todo hace veinte o treinta años (aunque yo no lo haya vivido), ese no estar permanentemente conectados por el móvil, el llamarse, el hecho de tener que esperar al encuentro para hablar con esa persona. Hoy en día es todo mucho más fácil, pero tiene menos magia.

Antes has hablado de «La casa de las mariposas». Hoy se ha anunciado que, uno de los regalos con la compra del libro, será una postal con una ilustración de la misma. ¿Cuán importante es para la historia?

Es todo. Es una parte fundamental en la historia de Ara, donde habitan todos sus recuerdos, donde se encuentran gran parte de los fantasmas que le impiden avanzar. La casa es prácticamente un personaje más de la historia, un reflejo de las diversas etapas por las que Ara va pasando, como un gigante dormido que más vale que no sea despertado.

Para acabar: ¿qué tiene de especial «La chica de las mariposas», qué la diferencia de las demás?

Siempre he buscado huir de la típica historia de chico conoce chica en la que primero se odian y luego es todo maravilloso, en la que hay exceso de azúcar y experiencias que no parecen reales. Llevamos diez años leyendo lo mismo. He intentado tratar al lector como un adulto y mostrar el amor, al igual que la vida, como lo es en realidad: crudo, duro, con un abanico de grises de todos los colores. No hay demasiadas novelas juveniles pesimistas, pero ¿es que acaso la vida es siempre arcoíris y algodón de azúcar?

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